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Cuando éramos pequeños, porque nosotros
los mayores también fuimos niños un día, nos sentábamos
en el regazo de la abuela- también entonces tenían más
tiempo las abuelas-, para que nos contara sus historias: leyendas antiguas,
cuentos populares, romances,... ¡en fin! muchas cosas que las abuelas
de antes podían contarnos, porque entonces... ¡no había
televisión! y... todos los niños
del mundo sabían escuchar.
Ahora
los mayores no tenemos mucho tiempo para poder contar cuentos, y a
los niños no les queda tanto tiempo para leer y escuchar,
pues tienen infinidad de juegos y entretenimientos para divertirse, muchas
veces de modo demasiado pasivo. Estos cuentan con la connivencia
y el beneplácito de los mayores, en algunos casos -así están
más tranquilos- y , a veces, la desesperación de otros
a los que les gustaría que dedicaran más tiempo a leer (
claro que, con frecuencia, no les gustan las lecturas que les proponemos)
. Lo que, de cualquier forma, sí es seguro, es que ...
todos los niños siguen teniendo una imaginación
desbordante y una capacidad infinita para poder soñar.
Algunos tendrán más
oportunidades que otros de poder contar sus ilusiones, experiencias, ideas,
etc. Es seguro que algunos estarán más capacitados que otros
para contar sus cosas con un lenguaje más bello y poético
y llegarán...¡quién sabe! a convertirse en escritores,
poetas, periodistas u otra profesión que nos invite a leer y disfrutar
pero , como nosotros,
la mayoría de los
niños seguirán contando sus historias de niño
con ese encanto especial
que sólo ellos pueden transmitir
y, sólo a ellos,
les llega de una manera especial.
Mª Ángeles Vicente
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