LA LUGAREJA (ARÉVALO).

Situada a dos Km de Arévalo, en un lugar llamado "El Lugarejo" (de ahí su nombre) se encuentra esta joya del mudéjar, pues está considerada como una de las obras cumbres de este arte.

El primer documento existente acerca de esta iglesia es del siglo XIII, según una bula de 1178 en la que es citada como "Monasterio de Santa María de Gómez Román" y era monasterio de monjes.

Según la tradición los hermanos Gómez y Román Narón, caballeros franceses o "afrancesados" a juzgar por sus armas, y residentes en este "lugarejo" (pequeña aldea o alquería) fueron sus fundadores, de ahí el nombre del monasterio.

Fachada.

En el 1210 se da su primera reglamentación; en 1237 sigue siendo masculino y ya en 1245 es monasterio femenino de la orden benedictina, viviendo las monjas en él hasta la década de 1520, en que se trasladan al palacio Real de Enrique II de Trástamara (derribado en 1976).

Durante el siglo XVII, ya se encontraba en ruinas, y del gran monasterio que debió ser sólo quedan en pie la cabecera y el crucero.

Tiene, la cabecera, un triple ábside, un cimborrio-que no torre- sobre el tramo recto del ábside central y los arranques de un edificio más grande cuya existencia queda demostrada con las últimas excavaciones arqueológicas, y del que no podemos precisar el momento en que desaparecieron sus naves.

Los ábsides tienen sus tramos curvos organizados con única faja de altos y esbeltísimos arcos doblados, con pilastras anchas. Las pilastras arrancan sobre un potente zócalo de mampostería con verdugadas de ladrillo y se rematan, en el caso del ábside central, con un singularísimo remate formado por un primer friso de esquinillas y luego por una cornisa que parte de una hilada de ladrillos moldurados y rematada con otro potentísimo friso de esquinillas.

Vista general.

Los laterales no tienen en la cornisa este último friso y su modelo se repite en el frente del tramo recto del ábside de la epístola.

Sobre el tramo central de la capilla mayor se construyó un espléndido cimborrio, cuadrado en su exterior, decorado con una serie de arcos doblados, ciegos todos menos el central, en el que se abrió una ventana para iluminar el interior. Como base y remate de estas arquerías del cimborrio se encuentran unos frisos de esquinillas.

El tambor tiene dieciséis arcos doblados construidos con ladrillos moldurados, siendo todos ciegos menos los cuatro correspondientes a los centros del cuadrado cimborrio del exterior, y apoya y remata, una vez más, en los tradicionales frisos de esquinillas. También tiene aquí una serie de elementos decorativos como son unos florones con cabezas labradas, que a la altura de los arcos separan los huecos del tambor de piedra. En el interior nos sorprende la belleza de un espacio arquitectónico desnudo y singular. Tiene influencias mudéjares, románicas y cistercienses.

Sobre el tramo recto de la capilla mayor, el cimborrio cuadrado se convierte en un espacio cupuliforme, mediante la incorporación de grandes pechinas sobre las que arranca un tambor y sobre las que se construye una gran cúpula con una clave central.

Cúpula interior.