Durante el siglo XVIII, la ciudad de Ávila, se
encontraba sumida en una gran crisis social y económica, con una
población en crecimiento negativo.
Innumerables casas se encontraban derruídas o en
ruínas; la suciedad y el abandono generalizado, constituían la
tónica general. Tal era la situación, que incluso en algún
momento, se intentó embargar estos bienes a los dueños, para su
restauración.
El municipio hacía muy poco para arreglar este caos,
ya que, además de faltarle los fondos necesarios para ello, lo
poco que tenía lo malgastaba en protocolos, conmemoraciones al
rey, procesiones...
La artesanía en Castilla y León también vivía
malos momentos y la fábrica de paños, que en Ávila había
tenido gran auge, sobre todo en la época de los Reyes Católicos
(según el diccionario de Pascual Madoz), con la expulsión de
los judíos, comienza su declive, que termina con el fracaso y
cierre de la misma antes del año de 1785.

De los 4200 habitantes
(aproximadamente) que tenía la ciudad en 1788, casi dos terceras
partes de la población, se podía decir, que eran pobres de
solemnidad, y vivían de la mendicidad o bajo la protección de
instituciones benéficas de carácter eclesiástico.
Casa de las máquinas de la "Real Fábrica de
Algodón" situada junto al Puente Romano.(Popularmente era
conocida como "Casa del Puente")
Varios intentos se realizan para solucionar esta
situación a finales de este siglo. Por una parte, se intentó
prohibir la mendicidad, para aquellas personas que pudieran
trabajar, pero lo cierto es que había poco trabajo, dado el
escaso desarrollo agrícola y el mal reparto de los terrenos. Por
otro lado, se quiso restablecer el funcionamiento de la fábrica
de paños con la creación de la Sociedad Económica de Amigos
del País.
La fábrica de paños terminó cerrándose y cuando
las cosas estaban así, en la primavera de 1787, el embajador de
España en París ( Conde de Aranda), remite a nuestro país las
propuestas de un fabricante inglés, John Berry, que desea
establecer aquí, una manufactura completa de algodón.
La Real Hacienda acepta y Berry visita algunas
ciudades españolas, escogiendo Ávila como sede de la futura
fábrica, y el rey Carlos III decide construirla.

Para su construcción se
compra un molino harinero que había en la zona sur de la ciudad,
a orillas del río Adaja. Este molino tenía cinco muelas y
pertenecía a la comunidad de los Padres Benedictinos del
monasterio de Santa María la Antigua, situado extramuros de la
ciudad, aunque una de las muelas era propiedad del Cabildo de la
Catedral.
Se realizaron importantes obras y así, después de
derribar el molino, se construyó la "Casa del Puente",
un bello edificio en el que destacaba sobre todas sus
dimensiones, la altura. Aquí estaba instalada la maquinaria.
Para recoger el agua del río se hizo una presa, que
en un principio presentó algunas dificultades, ya que la primera
riada cogió la cal fresca y el agua comenzó a filtrarse por
varias partes, por lo que tuvo que ser reparada.
Presa sobre el río Adaja.
El agua recogida por la presa proporcionaba la
energía hidraúlica necesaria para mover toda la maquinaria y -
según consta en el "Madoz" - sabemos que producía una
fuerza de dieciocho caballos. La maquinaria se terminó de
instalar en agosto de 1790.

Trabajaron en su construcción dos
arquitectos abulenses: Don Ceferino de la Serna y Juan de
Mendina, aunque la obra fue finalizada por el arquitecto de la
Casa Real Don José de la Vallina.
La Real Fábrica de Algodón constaba de las
siguientes dependencias: los telares y la dirección, que estaban
instalados en el edificio que hoy es Palacio de Justicia, y la
parte destinada a los tintes, oficinas, blanquería y otras
viviendas, que se hallaban en la llamada Villa de la Serna.
Restos de la maquinaria.
Todas estas obras quedan terminadas en diciembre de
1791, aunque ya antes se había comenzado la producción,
aprovechando los edificios que iban siendo acondicionados. Por
fin, en el año 1792, se presentan al Rey, para su examen, los
primeros géneros manufacturados de la fábrica.
El comienzo de la producción fue lento, pero la
fábrica realizaba todos los trabajos de la manufactura, pues
comprendía todas las operaciones necesarias, desde el
tratamiento del algodón, en estado de materia prima, hasta el
estampado de las telas.

Si bien es verdad que en
su etapa inicial, bajo la dirección de J. Berry y T. Milne,
supone un revulsivo para la ciudad al emplear, directa o
indirectamente, a la octava parte de su población, las
dificultades comienzan a la hora de colocar las telas en el
mercado, a pesar de utilizar para ello dos almacenes
estratégicos: uno en Madrid (lugar de residencia de la Corte) y
otro en Cádiz (puente comercial con América).
Muestras de telas de la Real Fábrica de Algodón.
Las dificultades del mercado con América, la baja
competitividad frente a los productos ingleses, entre otras
causas, impidieron su rentabilidad y así, lo que primero fue una
manufactura estatal, dependiendo de la Real Hacienda,
transcurridos diez años de escasos beneficios, se decide
traspasarla a un particular: el ingeniero canario Don Agustín de
Bethancourt.
En el año 1807 se hace cargo de la fábrica el
inglés Ingram Wins, que reduce al mínimo las actividades de la
manufactura durante los años de la Guerra de la Independencia.
A partir de 1817, un prestigioso industrial
segoviano, Ortiz de Paz, se hace cargo de ella, abandonando el
algodón para transformarla en fábrica de lanas.
Don Francisco Mazarredo, en el año 1830, recibe la
fábrica, junto con el encargo de intentar revitalizar la
industria textil abulense, utilizando el lino en lugar de la
lana.

Continuan los cambios en
la fábrica, pasando posteriormente a ser fábrica de harinas,
con el nombre de "Santa Teresa",
propiedad de Don Francisco Ramírez, siendo destruída, años
más tarde, por un incendio.
En el año 1998 es demolida, quedando como únicos
testigos de su existencia, la presa del río, y parte de sus
cimientos, que han sido convertidos en un parque de recreo para
la ciudad.
Compuerta de acceso del agua del río a la fábrica.
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Como resumen de esta "
historia" destacaremos las causas de
su desaparición y los aspectos positivos de la misma.
Causas de su desaparición
-Escasez de ventas en los almacenes de Madrid y Cádiz, que defraudó las esperanzas e hizo entrar en crisis el sistema de ventas " a comisión".
-El excesivo número de trabajadores y la poca experiencia en el trabajo de los mismos.
-La dificultad para el aprendizaje, al no estar familiarizados con este tipo de trabajo.
-El transporte de la materia prima y de los tintes desde Cádiz, Santander o Lisboa, que encarecieron el coste de la producción.
-La competencia inglesa.
-La emancipación de las colonias americanas y por tanto el deterioro del comercio con las mismas.
Aspectos positivos
-En la primera fase proporcionó trabajo a muchas personas de la ciudad (una octava parte) aunque posteriormente fue disminuyendo.
-Evitó el despoblamiento de la ciudad así como la masiva emigración de trabajadores.
-Hizo que descendiera la mendicidad a cambio del trabajo.
-Elevó el nivel de vida de una parte de la población.
-Los edificios atrajeron a otros fabricantes que la convirtieron en fábrica de lana, lino y harina respectivamente.