
El oficio de molinero ha sido siempre un
trabajo noble y de tradición familiar que pasaba de padres a
hijos. El tiempo de trabajo de un molino, en pleno rendimiento,
solía ser de unos ocho meses al año, desde el 1 de Noviembre día
de Todos los Santos, hasta el 24 de Junio día de San Juan,
dependiendo del agua que dejara el estiaje. Este oficio se
compartía con otros trabajos como el de panadero o arriero
principalmente.
El molinero también debía cuidar los elementos mecánicos
del molino:
-Controlar la entrada del agua al molino.
-Picar las muelas de piedra, rehaciendo las estrías,
para lo que tenía que desmontar las pesadas ruedas, cuyo trabajo
tardaba en realizarlo dos días, una sola persona.
-Revisar y reparar los elementos de madera.
-Reforzar la "pesquera"
ante los destrozos de las crecidas.
-Limpiar el "caz"
y los desagües.
Su jornada laboral tenía una duración de doce a
catorce horas, si bien, según decía el marqués de la Ensenada,
algunos molían día y noche. La vida del molinero estaba llena
de largos días de tedio aunque su salud era víctima de
enfermedades provocadas por la insalubridad del agua estancada en
el "azud" y
el polvo de la harina.
Las aguas del río Adaja y de los arroyos que llegan
hasta él, han servido desde tiempos remotos, como fuente de
energía hidraúlica, para mover molinos y batanes a lo largo de
su recorrido, desde el nacimiento hasta su llegada a la llanura
morañega.
La existencia del molino en épocas anteriores era
fundamental, ya que el pan fue un alimento básico para los
habitantes de esta región, al ser una zona cerealista, sobre
todo en la comarca de la Moraña.
De los cereales panificables, tradicionalmente fueron
y aún siguen siendo dos:el trigo y el centeno, aunque en períodos
de crisis se utilizó la cebada. En otros lugares más húmedos
se usó el maíz dando un pan amarillento llamado "borona"
y en otros sitios aislados de montaña con malas comunicaciones,
se utilizaba una mezcla de centeno con alguna leguminosa,
obteniendo un pan "moreno"
muy rico en proteínas.

Arroyo de la "Garganta" que servía como fuente de energía hidraúlica para que funcionase un molino situado junto a su cauce.
Los molinos fueron construídos en lugares casi
inaccesibles y en los que la piedra granítica, extraída del
propio terreno, constituye el material fundamental del edificio,
siendo una muestra típica de la arquitectura popular de esta
región.
Eran unas instalaciones de uso colectivo donde se
puede apreciar un elevado nivel de tecnología agraria. Aunque se
construyeron hace varios siglos, los datos más fiables de que
disponemos, son de los siglos XIII y XIV.
La financiación de la construcción, dado su alto
coste, era realizada por varios propietarios con gran poder
adquisitivo, aunque su titularidad acabó siendo principalmente
de fundaciones benéficas y órdenes religiosas, que a su vez los
cedían, en régimen de arriendo, a los molineros.
De los primeros tiempos es imposible saber el número
de molinos existentes en el río Adaja, aunque debió ser pequeño
dado el escaso número de habitantes.
En los arroyos que bajan de las Parameras había
varios:
-En el arroyo de los Tejos, en el término de
Pradosegar, de los que apenas quedan vestigios.
-En el arroyo de Río Mayor, quedan las ruinas de dos
molinos y restos de una fábrica de producción de energía eléctrica.
En la Sierra de Ávila, encontramos algunos en el
arroyo de Paradillo, término de Santa María del Arroyo, en
estado muy ruinoso y otro en el pueblo de La Colilla.
Restos de un molino en el arroyo de Río Mayor.
En el cauce del río Adaja había uno situado antes
del puente romano, donde posteriormente se construyó la Real Fábrica
de Algodón y pasado el puente, otro, llamado de" La
Losa", convertido actualmente en un
restaurante. Seguían otros molinos como "El
Batán", "Verdejo", "Pedrosillo".... todos
ellos cubiertos por las aguas de los embalses de "
Fuentes Claras" y
"Las Cogotas".
Durante el siglo XVIII, según el catastro del marqués
de la Ensenada, solo en la zona de Mingorria, en el año 1.751,
había nueve molinos, más dos, en el término de Cardeñosa y
seis en Zorita de los Molinos, sin contar tres batanes.

En el siglo XIX- según el diccionario de Pascual
Madoz- hay veinte molinos en la provincia de Ávila.
Según el Nomenclator, durante el año 1.864, se
censaron en Ávila quince molinos con veinticinco molineros y
cincuenta y siete panaderías.
Molino de " La Losa".
Cien años después serían diez las familias de
molineros y seis las de panaderos, quedando en funcionamiento
todavía seis molinos, cinco tahonas y una fábrica de harinas.
Hoy en día, año 2000, sólo queda funcionando un
molino, el de Hernán Pérez y una sola panadería.
A mediados del siglo XVIII todos los molinos juntos
de esta zona producían una renta anual de más de tres mil
trescientas fanegas de cereales, de las que el trigo suponía el
75%.
Esta producción de harina de trigo era transformada
por un centenar de panaderos que a su vez abastecía a todos los
pueblos vecinos y por supuesto a la capital abulense como aún
continuan haciendo. De ahí el dicho popular:
Ávila tiene la fama
de los grandes caballeros;
y Mingorría la tiene
de los grandes panaderos.
De todos los molinos, aguas abajo de la presa de Las
Cogotas y dentro de la zona de Mingorría citaremos los nombres
de algunos de ellos: "Trevejo",
"El Molinilllo", "Pajuela", "El Pontón",
"Las Juntas","Ituero"...;
en el término de Cardeñosa "Barbas de
Oro" y "Castillo"; en Zorita
de los Molinos "El Nuevo", "Hernán
Pérez", "El Vego", "El Molinillo"...y
en Pozanco "La Balsa del Cubo" y
"El Viejo".
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Molino rehabilitado cercano al de
Hernán Pérez.
Muchos de estos molinos se encuentran en estado
ruinoso, otros han sido recuperados como viviendas o restaurantes
y actualmente sólo queda uno en funcionamiento, el de "Hernán
Pérez", en Zorita de los Molinos (Mingorría).