LA ÉPICA

 

 1. INTRODUCCIÓN.

 

                En literatura un poema épico es un poema narrativo extenso, en estilo majestuoso, que cuenta las aventuras y proezas de un héroe sobrehumano (o de varios héroes) comprometido en una búsqueda peligrosa o en algún empeño serio. El héroe se distingue de los demás hombres por su fuerza y coraje, sólo lo domina su sentido del honor.

 

                El tema central de la épica se ciñe al mito, la leyenda, la historia y el cuento popular. Es habitual situarlo en una edad heroica del pasado, incorporarlo a la propia historia antigua y expresar su valor. Las batallas y los viajes arriesgados desempeñan un papel importante, así como los dioses, lo sobrenatural y lo mágico; las escenas se sitúan a menudo en el infierno (Hades) o en el cielo (Olimpo).

 

                Algunas características formales nunca faltan: el narrador da fe de la veracidad de su historia; hay invocaciones, salutaciones estereotipadas, largos discursos, símiles detallados, digresiones y la repetición frecuente de elementos típicos (por ejemplo: el repertorio de adjetivos o fórmulas, o el repertorio de escenas típicas como la del héroe armándose para la batalla). La épica se deleita en el mundo físico y lo representa mediante descripciones concienzudas de los objetos ( por ejemplo: descripción de las armas, el vestuario o los barcos).

 

                Épica significaba, en principio, narración y ésta no tenía por qué ser de hechos violentos. Concretamente, el verso épico se usaba en poemas de contenido didáctico. Por este motivo están catalogados como poesía épica tratados de agricultura en verso, como Los trabajos y los días del griego Hesíodo y las Geórgicas de Virgilio, o narraciones mitológicas como la Teogonía del mismo Hesíodo o las Metamorfosis de Ovidio.

 

                Así pues, en la épica clásica podemos distinguir una épica de la guerra (EPOPEYA) y una épica de la paz (DIDÁCTICA).  

 

 

2. GRECIA. 

                La poesía épica del tipo de la Ilíada y de la Odisea de Homero es la primera forma que conservamos de la literatura griega; los orígenes de esos poemas se han perdido, pero probablemente se remontan a los tiempos micénicos. Existía un corpus de sagas sobre las que el aedo podía atraer la atención del público. Lo que recitaba ( o más bien cantaba con la lira) sería un relato tomado de un corpus de mitos existentes, pero cuyo texto no se había fijado. En gran parte era una improvisación que se hacía para cada momento con la ayuda de elementos de frase estilizados o fórmulas, previamente memorizadas, desarrollados por una larga tradición de aedos.

 

                La relación entre el antiguo tipo oral de épica narrativa y los poemas homéricos como existen hoy día está poco clara, pero se piensa habitualmente que con la llegada de la escritura alfabética al mundo griego en la segunda mitad del siglo VIII a.C. los poemas homéricos se fijaron por escrito de un modo similar al que presentan hoy día y quizá lo hizo un bardo llamado Homero.               

 

                El Ciclo épico es el nombre que se da a una colección de poemas épicos (excluyendo la Ilíada y la Odisea), de los que sólo subsisten 120 versos, escritos por varios poetas de los siglos VII y VI a.C. Pudieron disponerlos así con el fin de elaborar una narración cronológica que se extendiera desde el principio del mundo hasta la edad heroica. Se conocían bien en los siglos V y IV a.C., pero posteriormente se leían menos (conocemos el contenido de los mismos gracias a Proclo).

 

                Había un ciclo troyano que completaba la historia de la Guerra de Troya. Los poemas épicos que lo integraban eran : Cipria, Aethiopis, la Pequeña Ilíada, Iliupersis, Nostoi y la Telegonía

                Había también un ciclo tebano, narración de las leyendas de Tebas, que incluía la Tebaida.

                 Todo esto formaba el repertorio del que los poetas griegos dramáticos y líricos sacaron el argumento para muchas de sus obras. 

                 A finales del siglo V a.C. la épica griega había perdido su espontaneidad y se estaba haciendo alusiva e incluso pedante. En el siglo III a.C. el poeta helenístico Apolonio de Rodas escribió en 4 libros las Argonáuticas; en el siglo IV d. C. Quinto de Esmirna escribió Posthomérica en 14 libros para llenar el vacío entre los acontecimientos de la Ilíada y de la Odisea, y en el siglo V d.C. Nonno escribió las Dionisíacas en 48 libros. 

 

3. ROMA.    

                La épica se introdujo en Roma en el siglo III a.C. con la versión latina de la Odisea de Homero que tradujo a versos saturnios Livio Andrónico. A través de los fragmentos que quedan parece que era más una  adaptación que una traducción de Homero, pero se convirtió en una obra famosa e influyente. 

                Nevio a fines del siglo II a.C. intentó crear una obra completamente original mediante una composición en versos saturnios sobre las Guerras Púnicas que se consideraba, con razón, su obra más importante. 

                Los Anales  de Ennio son un poema épico en 18 libros sobre la historia de Roma. En este trabajo se utilizó por primera vez en la literatura latina el hexámetro dactílico. 

                El mayor poema épico latino fue la Eneida de Virgilio, influida no sólo por la épica griega de Homero sino también por Ennio y por otros poetas latinos que escribían en hexámetros. 

                En la edad de plata de la literatura latina la épica se hizo más retórica y parece ser escrita para ser declamada. La mejor obra épica de esa época fue el Bellum civile de Lucano (a veces titulado la Farsalia). 

                Otros poetas épicos del imperio cuyos trabajos sobreviven en parte fueron: Silio Itálico, Valerio Flaco, Estacio y Claudiano

                Entre los poetas cuyos trabajos se han perdido estaban  Cornelio Severo (ensalzado por Ovidio y Quintiliano), que escribió poemas históricos, y Albinovano Pedo, autor de una Teseida y un poema sobre las campañas  de Germánico.